El 20 de agosto del Año Jubilar 2000, la Ciudad de Quetzaltenango fue testigo de un acontecimiento sin precedentes en la historia de su religiosidad popular: la Solemne Consagración de la Venerada Imagen de la Santísima Virgen de Dolores de la Parroquia San Nicolás.
La jornada inició con la celebración de la Santa Misa de Acción de Gracias, tras la cual dio inicio el Cortejo Procesional Extraordinario de Consagración, que llevó a la Imagen Dolorosa desde su Parroquia hasta la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Los Altos en hombros de los socios y socias de la Hermandad del Señor Sepultado y Virgen de Dolores de San Nicolás como de Hermandades invitadas.
Alrededor del mediodía, la procesión arribó a la Catedral, donde el Reverendo Padre Carlos Enrique Yarzebsky presidió el Solemne Acto de Consagración, autorizado por el entonces Arzobispo Metropolitano de Los Altos, Monseñor Víctor Hugo Martínez. En este histórico rito, la Santísima Virgen fue incensada y bendecida, quedando elevada litúrgicamente a la dignidad de Imagen Consagrada.
Un hecho de profundo simbolismo marcó aquella jornada: la Madre Dolorosa, que tradicionalmente viste de luto, fue revestida en esa ocasión con atuendo albo o blanco, color que expresa la pureza y consagración. Esta singularidad, rara vez vista en la iconografía de las Vírgenes Dolorosas, confirió al acto un carácter aún más solemne y memorable.
Concluido el rito, el cortejo prosiguió por las calles de la ciudad, coronando el Parque a Centro América, para luego retornar a su sede la Parroquia de San Nicolás.
Relevancia histórica
La Consagración de la Santísima Virgen de Dolores de San Nicolás posee un valor singular en la historia religiosa de Quetzaltenango y de Guatemala, al reunir hitos únicos que dignifican su devoción:
Fue la última Imagen Consagrada del Siglo XX.
La primera Imagen Mariana de la Semana Santa Quezalteca en recibir tal privilegio.
La segunda Imagen Mariana consagrada en la ciudad de Quetzaltenango.
Hoy, al cumplirse XXV años de este acontecimiento histórico, la memoria de la Iglesia en Los Altos revive con gratitud aquel día en que la Madre Dolorosa, entre incienso, plegarias y fervor popular, fue solemnemente consagrada, quedando inscrita para siempre en los anales de la devoción mariana y en el corazón de sus fieles hijos.
