A pocos días de cerrar el año, Quetzaltenango continúa debatiéndose entre avances mínimos y profundas preocupaciones que afectan la calidad de vida de sus habitantes.
Nuestra ciudad, pese a ser la segunda más importante del país, enfrenta desafíos que requieren liderazgo firme y acciones inmediatas. Sin embargo, tanto la Municipalidad de Quetzaltenango como Gobernación han mostrado un desempeño limitado, con más discursos que soluciones.
El urbanismo, la seguridad ciudadana, el ordenamiento territorial y la correcta planificación del crecimiento poblacional no pueden seguir siendo temas relegados. Los proyectos locales avanzan con lentitud y sin claridad, mientras que las gestiones que Gobernación debe impulsar ante el Gobierno Central prácticamente no se ven reflejadas en acciones concretas.
A los problemas habituales —energía eléctrica deficiente, fallas en el suministro de agua, manejo inadecuado de la basura y un transporte urbano cada vez más deteriorado— se suma uno de los factores más alarmantes: el incremento de la violencia en Quetzaltenango.
Hechos delictivos, asaltos, extorsiones y ataques armados se han vuelto más frecuentes, sin que exista una estrategia contundente o coordinada para prevenirlos. Las autoridades no han ejecutado medidas efectivas, no hay presencia suficiente, no hay control, no hay prevención. La población se siente desprotegida y cansada de vivir con miedo.
Xela merece más que promesas.
Merece seguridad, orden, planificación y una visión de futuro. Merece autoridades que actúen, que escuchen y que tomen decisiones basadas en las necesidades reales de la ciudad. Hoy estamos rezagados, no por falta de potencial, sino por la falta de voluntad y visión de quienes deberían liderar.
Esta es una llamada urgente a la reflexión y a la acción.
Quetzaltenango no puede esperar más. El orden, la seguridad y la planificación deben ser prioridad. Es momento de que quienes gobiernan estén a la altura de lo que nuestra ciudad necesita.
Redacción: Mas de mi Xela